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RUIDO: Antonio Macías

RUIDO: Antonio Macías

Antonio Macías.

“… ¿De dónde vienes tú? Y respondió Satán: He dado la vuelta por la tierra.”  (Job 1:7; 2:2)

Caemos. La mierda comienza a llegarnos al cuello. El estómago revuelto y la arcada matutina se ha vuelto parte de la espesa neblina que envuelve ferozmente nuestra rutina. Prendemos el televisor y ruido, luces de sirena, fuego, llanto, estadísticas que se desploman, leemos las noticias en los periódicos y revistas con cierta decepción y angustia, molestia, impotencia y más ruido. En cualquier latitud del mundo hay una suela de zapato cubierta de sangre, a donde quiera que volteemos hay una declaración de alerta, emergencia, ruido. No hace falta mirar lejos, mi vecina de al lado cumple hoy tres días de ser asesinada, ayer por la noche aun la velaban, había murmullos, ruido. Dos calles más arriba intentaron violar a otra chica, los viejos de enfrente perdieron a su muchacho tras resistirse a un asalto, a lado de su casa vive un agente judicial, hasta la fecha nadie sabe su nombre, mucho menos el por qué aproximadamente cada mes cambia de vehículo, todos con un costo mayor al medio millón de pesos. Ruido.

Ruido que estremece todos los días. Es extraño leer la palabra muerto constantemente, pero es más extraño aún, el parecer habernos acostumbrado a esto. Como nos acostumbramos al ruido de las ráfagas en vísperas de año nuevo o peor aún, como nos acostumbramos al ruido constante de las hélices de los black hawk que se hartaron de lanzar cadáveres al océano, algunos cuentan que el mar los devolvió a la superficie hinchados, iluminado por la luz del sol que a todos por igual hoy nos ilumina.

Ruido parpadeante en las alas de las moscas, que antes fueron larvas. Larvas que disfrutaron del festín de la fosa clandestina número ciento sesenta y cuatro encontrada en el sureste mexicano. El ruido en este país es insolente, nunca ha respetado las distancias, recuerdo haber escuchado ruido de madres del otro lado, en el norte, ruido en Ciudad Juárez, ruido de un paisaje de atardeceres tristes y cruces. Ruidos distantes, simulados, ruido en el mallete que empuña del juez condenando al inocente y dejando impune el crimen del culpable.

Ruido, en el último grito que vino de la esquina donde el transporte público acaba de matar a un hombre.

Ruido racista, discriminación indígena. Ruido de acoso en las calles donde caminas hoy  sonriendo con tu pareja, donde caminaste ayer con tu madre y donde avanzarán los primeros pasos de tu hija. Ruido brutal de dolor y llanto, violación invisible. Ruido laboratorio clandestino por todos sabido. Ruido proselitismo unos y otros todos contra todos, ruido en los votos. Ruido ecocidio, adiós al suspiro

Ruido gatillo. El tambor gira, el martillo empuja. Percute. Fuego. Ruido. En este momento mientras tu lees y yo escribo hay ruido.

admin

enero 26th, 2017

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