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Bonita: Jesús María Flores

Bonita: Jesús María Flores

Se sigue sintiendo bella. Se puede presentir en las fotografías tomadas con mucho entusiasmo. Mejor dicho auto-tomadas y enfocando su rostro; el que alguna vez fuera angelical. Pero la verdad es que ya no tiene ni siquiera esa suerte de mujer bella. Las mejillas las tiene como hinchadas de grasa, aunque aún parecen suaves y todavía no se desparraman. Parecen gentiles al tacto y a la presión que dos dedos pueden hacer en una mejilla. Incluso para los que no la conocieron unos años atrás,  ella les puede parecer hermosa, pero la verdad es que no; le queda poco para caer en la catástrofe de las mujeres que fueron bellas por su buena suerte y creyeron seguirían así por mucho tiempo. Pero nada es de gratis, las mujeres bien cuidadas lo saben, no es cosa de obsesión, es cosa de cuidarse, quererse. De tal manera que Daniela a sus veintidós años y sin ningún hijo, está acabando con el regalo de haber sido dotada genéticamente de belleza. Son de esos casos que nadie entiende, por lo menos yo no entiendo. Si ya tenía la suerte de nacer bella, y además tenía el sentido de la vanidad, me parece lamentable que haya pensado que seguiría así durante mucho tiempo. Quiero decir que la gente envejece, se acaba, pero comenzar a destruir tan joven una belleza angelical, por el simple hecho de no guardar la mano ante los panes, los refrescos, la botana y toda clase de comidas en abuso, me parece ciertamente una cosa triste.

Además de las mejillas flácidas y engrosadas que comienzan a desfigurarle el rostro, y a dejar muy distantes y sin brillo esos ojos miel que cada día son menos atractivos, lo peor es que le han salidos dos llantitas en el abdomen que cada vez son menos fácil de ocultar, y además, como no es gorda, se ve un cuerpo extraño, delgado pero con grasa bien definida por otras partes. Los brazos también han engrosado, se ven extraños, todo lo descuidado se ve extraño. Las nalgas comienzan a desfigurarse, ya ni los pantalones de mujer que suelen amoldar la figura le están ayudando. Esto es tristísimo. No es que me importe, pero me duele. Las que la conocimos hace unos años, no podíamos dudar que esa mujer podría ser miss universo. Claro, si hubiera andado en esas cosas. Es una lástima. Creo que llegará a ser una mujer muy gorda apenas su primer hijo.

Es una pena que el hombre que se encante con su todavía belleza, en decadencia, no logre ver que dentro de poco, lo que más le gustó físicamente de su mujer, será un espacio de grasa en aumento. No es envidia, lo juro. Es tristeza. Nostalgia. Me gustaba verla porque era muy bonita, no sólo de cuerpo sino de cara, así como lo dije, belleza angelical. Me gustaba saber que era bonita y me gozaba en algo que yo nunca podría ser. La admiraba. Yo no puedo ser bonita como ella. Lo supe desde los siete años cuando una olla con agua hirviendo se derramó en mi rostro. No parezco un monstruo, en realidad las tres cirugías a lo largo de los años me han desvanecido aquel accidente. Pero hay algo que siempre queda, como una marca sobre la marca, que anuncia o hace pensar que tuve la mitad de mi cara deshecha. Es algo que se presiente al verme, es lógico, no podía quedar con piel de bebé. Pero eso ya no importa, me gusta cuidarme, lo normal, comer bien, un poco de ejercicio, sentirme sana, saber que no siempre se es joven, pero sí se puede amar y cuidar lo mucho o poco que por genes se ha recibido. Es por eso que me da tristeza Daniela, ella tan bonita, pero tan confiada en sus buenos genes. Tal vez no le guste ser bonita; tal vez las que son muy bonitas se cansan de eso, y un día tiran todo por la borda.  Es algo que yo no sé. Por ahora saldré a correr con esta brisa, sentirme viva, saberme bonita con el roce del aire. Después me bañaré y me arreglaré. Hernán pasa por mí a las ocho. Hoy iremos a cenar.

admin

enero 26th, 2017

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